miércoles, 7 de septiembre de 2016

Llamadme por mis verdaderos nombres.






La vida ha dejado en mi frente sus huellas,
pero de nuevo me he hecho un niño esta mañana.
La sonrisa que he visto en hojas y flores
ha vuelto a alisar las arrugas,
como borra la lluvia las huellas en la playa.
Comienza otra vez un ciclo de nacimientos y de muertes.

Camino sobre espinas, pero firmemente, como entre flores.
Y mantengo la cabeza alta.
Florecen las rimas entre el fragor de bombas y morteros,
y las lágrimas que vertí ayer se han transformado en lluvia.
Me siento en calma oyendo su murmullo sobre el tejado de paja.
La infancia, mi tierra natal, me llama,
y las lluvias disuelven mi desesperación.

Aún estoy aquí vivo,
capaz de sonreír en silencio.
¡Oh, dulce fruto ofrecido por el árbol del sufrimiento!
Llevando el cuerpo muerto de mi hermano,
atravieso en la oscuridad el arrozal.
La tierra te acogerá con fuerza entre sus brazos, amigo mío,
y mañana renacerás entre las flores,
esas flores que sonríen dulcemente en el campo al amanecer.
Ya no lloras, amigo mío, en este instante.
Hemos atravesado la profundidad de la noche.

Esta mañana,
me arrodillo en la hierba
cuando noto tu presencia.
Flores que llevan la maravillosa sonrisa de lo inefable
me hablan en silencio.

El mensaje,
el mensaje de amor y comprensión
nos ha llegado realmente.







(Del libro "Llamadme por mis verdaderos nombres", poemas de Thich Nhat Hanh.
Escrito en 1964 en Saigón.
Editado en 1966 por el Movimiento de Reconciliación, como tarjeta de navidad.)










miércoles, 31 de agosto de 2016

El fundamento para la paz interior.







Después de las vacaciones de agosto, volvían a recuperar la rutina de las sesiones de la sangha para meditar y compartir. Era el primer encuentro y le tocaba a ella facilitar. Lástima que coincidía con el primer entrenamiento del grupo de kárate. Lo mismo que meditar en grupo es otra cosa, entrenar en grupo tiene un efecto diferente a hacerlo a solas. Como si también te transcendiera.

En cualquier caso, ella tendría que facilitar la primera meditación en la sangha y había seleccionado un texto sobre "los cinco entrenamientos", la forma de vida budista, a partir del "Sutra sobre el discípulo vestido de blanco". No estaría de más recordar los mínimos fundamentos éticos donde establecer nuestro comportamiento de vuelta a la rutina.

Recordó la primera vez que los escuchó. Al final de varias consideraciones y debates sobre el significado profundo y explícito de los entrenamientos para la atención plena, ella dijo:
"Resumiendo, ama y haz lo que quieras, como ya dijo San Agustín. ¿Es eso?"

"Ama y haz lo que quieras", "El amor que me protege", "Quítate de en medio", "Ponte tu armadura de amor", eran mantras que se recordaba a sí misma continuamente. Pero no siempre era fácil reconocerlos en su interior.





Entonces le llegó esa frase de Virginia Wolf:
"No hay barreras, cerraduras ni cerrojos que puedas imponer a la libertad de mi mente".
Tú no, pensó, nadie ahí fuera puede ponerle límites a mi mente, pero yo sí.
Puedo poner límites a la libertad de mi mente, y sabotajes, miedos, frenos, debilidad.
Pero también energía y confianza, espacio, entrega, potenciales, visión.
Alegría, plenitud.

Abrió la libreta, buscó algo que había escrito recientemente sobre la comprensión de la mente:
"Cuando la mente es libre y comprende y confía, el cuerpo le sigue.
Cuando la mente se bloquea y teme, el cuerpo cree que hay una amenaza real y se viene abajo, sufre, enferma.
Cuida tu mente para que no engañe a tu cuerpo.
Pon atención, compréndela."

Cómo puedo evitar que la libertad y plenitud de mi mente se vean coartadas?
Otra vez, la respuesta estaba en el interser (la ausencia de separación, que disuelve la amenaza y el miedo),
el amor
y la vacuidad.

En la disolución del yo separado.

Y el amor es el mejor camino.
El amor que me protege.
Ama y haz lo que quieras.
Ponte tu armadura de amor.

No veía otro camino para establecer y consolidad la paz interior en cualquier circunstancia.
Decidió compartir su reflexión tras la lectura de los cinco entrenamientos para la atención plena,
y volver a meditar en el amor.
El amor que me protege.
Ponte tu armadura de amor.

Ama
y haz lo que quieras.

El auténtico fundamento
para la paz
interior
y exterior.





viernes, 12 de agosto de 2016

La magia del interser.






Que dure eternamente este día, el fresco por la ventana, la luz, el sabor de menta y limón en el agua fría en su paladar.
La sonrisa de R, feliz de poder jugar en la piscina con M (su amigo de la infancia, el instituto les separó), la risa de M recuperando a R.
La contemplación del amor.
Los pensamientos de amor, los sentimientos de amor sanando el cuerpo de los destrozos invisibles causados por la ilusión de separación (el miedo, la amenaza, la pérdida, la muerte).
Que no se acabe nunca la celebración de la vida,
la compasión en la mirada
(este mundo de héroes y heroínas, cuidándose los unos a los otros más allá del dolor, las heridas y los dramas personales),
el amor liberador y explosivo que se proyecta en todas direcciones.


Su amiga la llamó para contarle que se acabó su relación con su pareja.
Decidieron cortar y el duelo dolió.
Habían prolongado demasiado el dolor previo, del control, el miedo, la exclusividad, los enfados, la tensión, también el alivio del regreso y la reconciliación, la pasión y de nuevo el miedo, el aferramiento, la desconfianza, el resentimiento, el ahogo.
Decidieron darse unos días de distancia para pensar. Y luego hablarían.
Me sentía ahogado, dijo él. Yo también, reconoció ella.
Era el momento de iniciar una relación diferente.




Ella le dijo que tenía ante sí una gran oportunidad para hacer crecer una clase diferente de amor, que desea la felicidad y la libertad de la otra persona tanto como las propias. Un amor liberador que, cuando aparece, se proyecta en todas direcciones.
Nadie dice que será fácil. Pero lo otro tampoco lo era y dolía mucho, como una caída en picado.
Al menos las dificultades de este amor forman parte del camino a la liberación y la plenitud, ese goce profundo.
Y las dos amigas celebraron la aventura que tenían ante sí.

Porque ella también tomó el testigo, la antorcha.
Tu aventura (tu oportunidad) me inspira y me proyecta, dijo ella.

Milagros del interser.





martes, 9 de agosto de 2016

La forma es vacía y el vacío es forma.






Agosto, postdesayuno y sol.
El aire aún es fresco por esta ventana a la sombra.
La carpintería no ha hecho vacaciones. (Lo sabe por el sonido de la máquina).
Vacío de vuelo y canto de pájaros, su propia ausencia los evoca.
La forma es vacía y el vacío es forma.
Los sonidos del silencio de un agosto urbano.
Silencio de cocinas y escaleras y el motor del ascensor.
Su silencio evoca a las personas que no están.

Degusta la tostada con olivada y aceite
y contempla y hace inmersión en lo que degusta y lo que se ve y lo que se oye,
y lo que aparentemente no degusta ni se oye ni se ve.
La forma es vacío, el vacío es forma.
Camina el pasillo y huele los aromas a cedro en la entrada, canela en la estantería, lavanda en el baño, jazmín en el estudio.
Vuelve a la mesa y aspira el tomillo y los tomates en el plato, en la terraza del Monte Igeldo.
Todo está aquí.
Tayatha om gate gate paragate parasangate bodhi soha.




La soledad evoca las presencias que la acompañaron en el último viaje;
la quietud, los paisajes recorridos.
Los montes que rodean Mondragón, el lago, la playa de Getaria, la iglesia.
Todo está aquí. La vacuidad no es otra que la forma y la forma no es otra que la vacuidad.

Agosto del 2016 y retiro.
Inmersión en el Dzogchen Semde y la traducción del pali de los sermones medios del Buda (su amigo le regaló su propio viaje, como un cofre lleno de tesoros).

Retiro de soledad y silencio en su gompa privada.
Salpicado de sueños: seleccionando frutas en la tienda, abasteciendo la despensa, montando la bicicleta camino del baño en el mar al atardecer, la escucha atenta de la tristeza de duelo de la amiga, la copa de vino que las hermana aún más.

Amar y soltar.
Algún día dejará todo esto. Tan hermoso, tan amado.
Soltará con una sonrisa apacible, como dicen que soltó Marianne. Con la mano tendida a quien parece que no está presente.

El vacío es forma y la forma es vacío.
Todo está aquí.
Hoy será un día de retiro, de soledad y quietud y silencio. Tan lleno.
El vacío no es otra cosa que la forma y la forma, a su vez, no es otra cosa que el vacío.




viernes, 8 de julio de 2016

Crees que eres el cuerpo físico porque aún no has realizado el cuerpo sutil.






El sol calienta los árboles, la hierba, las flores diminutas, las mariposas y los insectos al vuelo.
El aire acaricia las hojas como un ungüento, las acuna, las balancea.
Cu-cuuuu-cuu. Los pájaros no se cansan de cantar, como ella de respirar, sin esfuerzo, a menudo sin conciencia.
Se sienta de espaldas al sol, los pies en alto, en la silla, desnudos; el baño de sol y aire sana las heridas, si las hubiera.
Hoy la acompaña Nisargadatta, compartiendo con ella su ser, su vivencia, el intento de las palabras.
"Crees que eres el cuerpo físico sólo porque aún no has realizado el cuerpo sutil".
Muuu, ruge la vaca. Y ella aún se maravilla, a veces, con los cuerpos no sutiles de este mundo.

Hubo un momento en que ella se maravillaba con todo, como si hubiera tenido lugar "la purificación de los seres migratorios".
Reía como explosiones de dicha, como explosiones de amor.
Y bailaba cuando nadie la veía.
Un día la risa se fue de casa sin avisar. Y dejó de bailar.
Está bien así, decía, infinitamente agradecida de que se hubieran quedado tanto tiempo.
Y allí se quedó, como Penélope.
Sin nostalgia.
Así es la vida que conozco, pensaba. A veces aparece "la gracia" y a veces se va.
Pero ella ya conoce la cara de su amada.





En su experiencia, en esta vida humana, la gracia se ha manifestado a través de los cuerpos físicos.
(Incluido el suyo propio, su respiración, en la meditación).
No quiere decir que los cuerpos físicos SEAN la gracia,
pero quizás sí una especie de avatares, la forma a través de la cual entra en contacto con ella,
o quizás, simplemente, emerge.

A veces una forma humana que despierta la luz interior, la alegría, el amor.
Una mirada. Una palabra, un aroma.
Y una vez que la experiencia de plenitud emerge, lo baña todo, como una antorcha permanente de bendiciones iluminando cada cosa a su paso.
"La purificación de los seres migratorios".
Tan fácil de comprender.
La visión.
Comprender es la antesala del amor, o quizás es la sala misma, la misma cosa.




En su experiencia humana, los cuerpos físicos (las apariencias) aún ayudan.
Quizás porque aún no ha realizado el cuerpo sutil.
O quizás sea esto.
Y esta sea la función de todas las apariencias de cuerpos físicos.

Así que aún mira con atención las formas que aparecen a su paso, los aromas, los sonidos.
Los degusta.
Se disuelve en ellos, se pierde.
Aún los necesita para perderse.
Para vivir gozosa.

Para el gozo de morir.




miércoles, 6 de julio de 2016

Hacen falta dos para bailar un tango.







El amigo le contaba que no iba muy bien la convivencia en su casa.
Vivo con un fantasma, decía.
Pero lo peor no es eso, porque puedo vivir con un fantasma, lo peor es que a veces vivo con un puerco espín.

Y entonces guardó silencio, como si reflexionara sus propias palabras.
Sonrió y dijo en voz baja, como para sí mismo:
Pero hacen falta dos para bailar un tango.


En una de las charlas del dharma, la monja había dibujado en la pizarra una ilustración sobre el funcionamiento de la mente. Un circunferencia dividida en dos hemisferios. Abajo, la conciencia almacén (o el inconsciente, según términos psicológicos), donde se depositan y guardan todas las semillas de las emociones potenciales. En el hemisferio superior, la conciencia mental, donde se manifiestan dichas experiencias emocionales.
Qué semillas crecen y dan fruto en la vida consciente? Las que riegas y nutres.
Si nutres la ira, el odio, la alegría, la paciencia, la ecuanimidad, la envidia... ésas son las experiencias que se manifiestan en tu vida consciente.

Pero la realidad es que están todas, absolutamente todas las semillas, en tu conciencia almacén; las que tú consideras positivas y las que consideras negativas, las mejores y las peores.
Todas están ahí, procedentes de tu vida personal, de tus ancestros, familiares, culturales o espirituales.

Todas las experiencias posibles están ahí, en tu conciencia almacén.
Por eso hay que saber cómo nutrirlas, y comprenderlas, para que se manifiesten en tu vida consciente de una forma creativa y sin causar muchos estropicios.





Todas las semillas están en tu conciencia almacén o inconsciente, repitió.
Pero tú sólo seleccionas unas cuantas con las que te identificas y ahí designas "yo".
Y dibujó una línea cerrada de subconjunto dentro del conjunto de las semillas de la conciencia almacén.
Tú dices "esto soy yo" (inteligente, atractiva, insegura, amorosa, víctima... las características que sean, con las que te identificas). Y lo demás no tiene nada que ver conmigo.
Pero todo tiene que ver contigo. Porque todo está en ti.




Así que el amigo que le contaba que "puede vivir con un fantasma, pero lo peor es que a veces vive con un puerco espín", guardó silencio y en una milésima de segundo vio pasar la película de la monja junto al gráfico en la pizarra, y su planteamiento sobre el funcionamiento de la mente.

Y entendió que estaba dibujando un subconjunto en la identificación del "yo" de su compañero de piso (fantasma, puerco espín...).
Y por un momento percibió todas las demás semillas (comunicativo, amoroso, generoso...). Todas las demás semillas también están en él.
Pero estaban dando fruto sólo las que se habían encargado de nutrir. Los dos.
"Porque hacen falta dos para bailar un tango".




Si empezaba a nutrir las semillas que echaba en falta, ésas serían las que florecerían.

Lo mismo que vale para comprender el propio "yo" (mis miedos, mis dolores y alegrías), vale para comprender el "yo" de quien tenemos delante, y las relaciones, y el yo colectivo.

Si nos dedicamos a nutrir una parte de las semillas, ésas son las que darán fruto.
Pero todas están aquí (en ti, en mí, en el yo colectivo, y hasta en el "yo" de los vínculos y relaciones).

Si te condeno a ser una parte de lo que eres, es difícil que se manifieste todo lo demás que también eres.
Y podría ser como una cárcel de la que es difícil salir.





jueves, 30 de junio de 2016

El cuerpo y la mente, como causas y condiciones para el nirvana.






Esa maestra tenía algo especial.
Se sentaba a un lado de la mesa y leía los sutras a su público, y reflexionaba cada palabra.

De los textos que se dice que dijo Buda, calcula que quizás un diez por ciento realmente lo dijo él, el resto son interpretaciones, traducciones libres, añadidos. Lo cual tampoco importa tanto, si lo dijo Buda o no, lo que importa es si funciona, si te resulta válido, y eso lo tienes que investigar tú.
Al fin y al cabo, Buda es uno más entre los millones de budas; no hay que partir de la idea de que lo que dijo él es válido al cien por cien (que lo es) y lo que dijeron otras personas no lo es. Puede serlo igualmente.

Leía el sutra como un compartir.
Leía algo así como:
"Monjes, ¿el cuerpo es permanente o impermanente? Y los monjes respondieron: Impermanente. Y, ¿impermanente implica sufrimiento o alegría?" (O algo así)
¿Y adivináis que respondieron los monjes? -preguntó la monja.
Sufrimiento -se escuchó la respuesta estereofónica entre la audiencia.
Pues eso mismo, dijo ella.
Y Buda dijo que sí.
Y yo me pregunto por qué dijo Buda que sí, que el cuerpo implica sufrimiento.
Y si lo dijo.




Por qué la impermanencia sería causa de sufrimiento para un buda? O para cualquier persona.
Gracias a la impermanencia las cosas se transforman y nacen otras.
Gracias a la impermanencia se dan las estaciones y el mundo se llena de flores y cultivos, y lluvia y nieve, y sol y sombra y trabajo y descanso.
Tu propio despertar espiritual se da gracias a la impermanencia.
Por qué iba a considerar Buda a la impermanencia como sufrimiento?

Por qué iba a considerar Buda el cuerpo como causa de sufrimiento?
Por qué iba a enfatizar el dolor, la enfermedad, el envejecimiento y la muerte, y no el medio de placer y disfrute que también es?
Gracias a los ojos conectamos cada día con infinidad de maravillas.
Si los ojos fueran un problema, por qué se iba a entristecer la gente cuando pierde la vista?
Y lo mismo con los demás órganos de los sentidos.
El gusto, el tacto, el olfato, que nos ponen en contacto a cada instante con maravillosas experiencias de disfrute y transcendencia.





Y para qué hablar de las piernas, que nos permiten movernos, caminar conscientes, viajar de un lugar a otro; los brazos, las manos, que nos permiten trabajar, comer, asearnos, escribir, hacer música, pintar, relacionarnos con el entorno; el hígado, que filtra cantidades de toxinas, los pulmones, el corazón, las venas, la linfa...

Por qué iba a asegurar Buda que el cuerpo (y lo mismo respecto a la mente) es motivo de sufrimiento y no de disfrute y placer, el nirvana mismo?




El budismo nos invita a cuestionarlo todo.
No te creas ni lo que dicen que dijo Buda.
Cuestiónalo, investígalo.

Y por qué iban a tener interés sus seguidores en poner énfasis en el sufrimiento, si Buda no lo hizo?
Es posible que sus seguidores desearan fervientemente que la gente practique el dharma, y es más fácil que lo practiques desde la experiencia de sufrimiento, como un medio para salir del sufrimiento.
Es posible -dijo la monja.




Pero no creo que Buda considerara la impermanencia como causa de sufrimiento.
Porque si bien es cierto que puede ser motivo de sufrimiento, también lo es de alegría, como una fuente de posibilidades.

Y no creo que considerara el cuerpo (ni la mente, los cinco agregados, pero ése es otro tema de investigación) como una causa de sufrimiento. Porque si bien lo puede ser, también lo es de alegría y disfrute y transcendencia y nirvana.





Y si no lo vemos así (el cuerpo, como una fuente de disfrute y transcendencia y nirvana) es quizás porque partimos de una base falsa intensamente arraigada en nuestra cultura y en nuestra mente. Que nos hace invisibilizar, ignorar, las bellezas de nuestra vida.
Y la atención plena nos ayuda a eso, a prestar atención a las alegrías de nuestra vida diaria, de nuestro cuerpo y nuestra mente.
A mirar nuestras manos como el milagro que nos permite tocar y sobrevivir.
A apreciar nuestros ojos, la luz cambiante del día y de la noche.
A recuperar la riqueza de la vida,
la atención apropiada que nos permitirá tocar el nirvana una y otra vez,
hasta darnos cuenta de que ya estamos en el nirvana.

Pero tenemos que recuperar la atención apropiada.
Dejar de mirar exclusivamente los objetos de dolor y sufrimiento
para empezar a prestar atención a la maravillosa vida que nos envuelve, que somos, también en cuerpo y mente.





Dicho esto, también cabría cuestionarnos por qué el dolor implica sufrimiento y no una experiencia gozosa, pero ése es otro tema que también tendremos la oportunidad de investigar en futuras sesiones.